Despiden a enfermera y suspenden a otra tras muerte de paciente sospechoso de covid-19

El ISSSTE rescindió el contrato de una enfermera del Hospital General en esta ciudad y sancionó a otra con una suspensión, al responsabilizarlas de abandonar a un paciente que fue internado como sospechoso de padecer covid-19 y falleció en la madrugada del 7 de mayo.

En realidad se trató de una cadena de omisiones desde la supervisión y el personal médico que se encontraba de guardia y a cargo del turno esa noche.

Las versiones de ambas fueron respaldadas por algunos de sus compañeros, mientras que la supervisora de turno y otra encargada asentaron en un acta administrativa que “abandonaron al paciente” y que no requerían la mascarilla N95 porque éste era negativo para covid-19, a pesar de que todavía no se contaba con el resultado de la última prueba y de que se le había reconocido en las notas médicas como sospechoso por sus síntomas.

Blanca y su compañera carecieron de la mascarilla N95 para completar el equipo de protección a fin de ingresar a la habitación que el paciente compartía con otro enfermo con pie diabético, para el que también pidieron la mascarilla y no les fue proporcionada.

El temor de ambas y del paciente era salir contagiados. Ahora las dos enfermeras son señaladas por el abandono del paciente, que se agravó en la madrugada del 7 de mayo sin que pudieran ingresar a revisarlo, pero sin que tuvieran respuestas inmediatas de sus superiores y médico de guardia para acudir a proporcionar la mascarilla necesaria ni intervenir en la revisión o atención del enfermo.

“Me dejaron la indicación de no incubarlo (intubarlo) ni hacerle maniobras”, fue el mensaje que una de ellas recibió de un médico del turno nocturno al que pidieron apoyo, al observar que el enfermo se había agravado.

El paciente de la cama uno comenzó a tener complicaciones a las cuatro de la mañana del 7 de mayo. Ingresó al Hospital General del ISSSTE, en la capital de San Luis Potosí, tres días antes.

Para poder ser atendido ahí, viajó poco más de dos horas y media desde Cedral, municipio al norte del estado. El diagnóstico era una neumonía atípica y sospecha de covid-19. Tenía 59 años y era pensionado.

Aquel jueves 7, Blanca, enfermera del turno nocturno en el hospital, tenía guardia en los cuartos asignados para pacientes con coronavirus, en el área de Medicina Interna.

Para esa fecha, la unidad hospitalaria todavía no contaba con un área específica para tratamiento de estos pacientes, y las habitaciones eran separadas por una línea amarilla en el piso.

La enfermera solicitó el material necesario para asistir al paciente: uniforme quirúrgico desechable, bata desechable, dos gorros quirúrgicos, dos pares de botas, un cubrebocas y una mascarilla N95, misma que no le entregaron y en su lugar le dieron una mascarilla filtrante, FFP1, que no es recomendable para uso de personal de salud en esta pandemia.

Temor a contagiarse

El paciente compartía habitación con un hombre, cuyo diagnóstico de ingreso era Artropatía de Charcot – una enfermedad progresiva de los pies, mejor conocida como pie diabético-, mismo que comenzó a alterarse.

“Paciente en unidad móvil inquieto, refiere molestar (molestia) por estar con paciente con Dx (diagnóstico) de Neumonía atípica con abundante secreción, no cuenta con cubrebocas N-95…”, quedó anotado por Blanca en la bitácora.

Al final de esta observación, anotó también que solicitó una mascarilla para el paciente, pero la supervisora Nora y la jefa de sección Adriana le dijeron que “no contaban con el material”.

Desde las tres de la mañana se reportaba, en dicha bitácora: “sin respuesta por parte de supervisión”.

Conforme pasaban los minutos, el paciente iba agravándose, pero ni Blanca ni su compañera tenían el equipo completo, por lo que lo monitorearon a distancia. A las 5:20 de la mañana, Blanca marcó a Jefatura de Enfermería para pedir ayuda en la búsqueda de un doctor para el paciente de la cama uno, mientras su compañera de turno acudió a los dormitorios de los médicos. La supervisora Nora le dijo que no tenía más equipo y que buscaría un doctor, pero no encontró uno.

El paciente falleció, solo en su cama, alrededor de las 5:40 de la mañana.

A las seis de la mañana, la enfermera envió un mensaje al médico residente que cubría el turno: “Me urge baje a checar al paciente de la cama 1. Creo ya se nos fue”. El médico señaló que tenía indicaciones de no intubar, ni hacer maniobras (de resucitación) y no se presentó.

Tras la muerte del paciente, se indicó a ambas enfermeras que debían amortajarlo. La Guía para la Atención del Paciente Crítico con Infección por covid-19 del Colegio Mexicano de Medicina Crítica indica: “Los prestadores de servicios de salud deben colocar el cadáver en doble bolsa específica para cadáveres de 150 micras o más de espesor, resistentes a la filtración de líquidos”.

En su testimonio, Blanca refirió que en el hospital no se contaba con esas bolsas, así que se les instruyó amortajar al paciente en una bolsa de basura.

Cuando llegó el personal de área de abasto, pasadas las seis de la mañana, Blanca se enteró que sí se contaba con las mascarillas N95. El camillero se presentó para retirar el cuerpo -él sí portaba una mascarilla N95- y Blanca se retiró más tarde del hospital.

A las diez treinta de la mañana del mismo día, la enfermera supervisora del turno nocturno del Hospital General presentó una queja contra Blanca y su compañera de guardia, donde las reportaba por negarse a atender al paciente de la cama uno y su compañero de cuarto. En el reporte, la supervisora Nora asentó que “ninguno de los enfermos resultaban positivos al covid-19”.

Responsabilidades evadidas.

El 14 de mayo, una semana después de la muerte del paciente de la cama uno, la enfermera fue notificada sobre una sanción administrativa en su contra, derivada de la queja del día 7. El 19 de mayo se realizó una audiencia en la que Blanca testificó, ofreció pruebas y presentó a testigos que respaldaron su declaración sobre lo ocurrido.

Solo dos testimonios de seis que se presentan en el acta de hechos que contiene el acta administrativa involucran a Blanca, a quien señalan por su negativa a ingresar a la habitación del enfermo por la falta de la mascarilla N95.

Otro de los testimonios confirmó el faltante de la mascarilla en el kit de cuidados hospitalarios. Dos más, correspondientes a la Jefa de Departamento de Enfermería Pilar y la Coordinadora de Calidad, refieren haberse enterado por segundas versiones de los hechos, pues ninguna estuvo presente.

La supervisora del turno nocturno, y la jefa de sección contradicen lo referido por Blanca y sus testigos y la responsabilizan totalmente a ella y a su compañera del “abandono del paciente”.

La secretaria de conflictos del Sindicato Nacional Auténtico y Democrático de los Trabajadores del ISSSTE en San Luis Potosí, Blanca Estela Herrera, dijo a la reportera Marcela del Muro que uno de los argumentos de la Supervisora del turno nocturno para levantar la queja fue el supuesto resultado negativo de los dos pacientes de cuarto.

Sin embargo, añadió, el 7 de mayo aún no existía un resultado por escrito que corroborara este diagnóstico, mientras que por lo menos uno de los pacientes de esa habitación presentaba cuadros sintomatológicos del covid-19, por lo que la actuación de las enfermeras debía de llevarse en el más estricto seguimiento de los protocolos, tanto para el cuidado del paciente como para su propia salud, hasta que existiera una prueba que confirmara o descartara un contagio del paciente.

Por lo tanto, “la respuesta de las dos enfermeras era lógica para protección de sus pacientes y de ellas y sus familias”, afirmó Blanca Estela Herrera.

Con todo y el cúmulo de inconsistencias y omisiones en esa cadena de la que Blanca y su compañera fueron sólo una parte, a las seis de la mañana del 30 de mayo, Recursos Humanos notificó a Blanca de la rescisión de su relación laboral a partir del 1 de junio.

(Con información de Marcela del Muro).

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